Salgo para allá, llego en 34 días

Coronavirus

Lucho

Beijing, 8:00 AM:

– 阁下,另一封新闻通讯到了!

(Su Excelencia – llegó un nuevo boletín de Lucho)

– 带上我一份给首席情报官打电话.

(Traeme una copia y llama al Jefe de Inteligencia)

Washington, DC, 8:00 PM:

– Mr. President, a new issue of Lucho’s newsletter has arrived!

(Señor Presidente – llegó una nueva edición del boletín de Lucho!)

– And who the f*** is Lucho?

(Y quien m… es Lucho?)


Dicen que el estudio del “líder” es una de las tareas más difíciles, porque nunca se puede saber cual es, en última instancia, la intención que motiva sus acciones. Y, para complicar las cosas, los estudios de la conciencia siguen acumulando evidencia de que nuestra visión del mundo (la “realidad” que nos hace actuar) no resulta necesariamente de la información que aportan nuestros sentidos, sino de la construcción que hace nuestro cerebro internamente y proyecta sobre el mundo físico que nos rodea. Es decir, desde ese punto de vista, teóricamente, vivimos en un estado de alucinación permanente, aunque controlada.


El experimento de la “mano falsa”. Se pide al individuo que mire la mano falsa mientras que el investigador acaricia a ambas, la falsa y la verdadera. El cerebro, que creó una imagen alternativa de la realidad, confunde la mano falsa por la verdadera, tal como muestra la reacción del flaco de azul cuando alguien apuñala la mano de plástico.


Probablemente, a este punto, la intención del líder (o quien fuera que participo directa o indirectamente en la "situación pandémica") ya no importe demasiado. Lo que sí importa, y cada vez más, es saber lo que realmente dio origen a esta pandemia. Por si alguna casualidad en Beijing y Washington leen esto, les pediría que urgentemente dejen de alucinar (en el sentido "no controlado") por un par de semanas y se pongan seriamente a resolver este problema. De lo contrario, las consecuencias para el ser humano, o al menos, nuestra forma de vida, podrían ser irreversibles.

Pero: no era más que otra gripe – una “gripe fuerte”? Que en verano se iba a ir? Que cuando tengamos la vacuna todo se soluciona? Si, podría ser. O, podría ser que no. No hay forma de saberlo sin entender de dónde viene todo esto. Lo peor es que esa incertidumbre, con el paso del tiempo, parece aumentar en lugar de disminuir.

En parte porque los datos que arrojan estudios sobre pacientes con Covid-19 son desconcertantes, si hubiera que elegir solo una palabra para categorizarlos. Ya mencione la extraña cantidad de casos en los cuales el virus ataca directamente al sistema nervioso, sin síntoma respiratorio alguno. A la misma altura está la evidencia de que, en EEUU al menos, entre un 30 y 40 por ciento de los casos severos tienen también una falla de riñón. Pero – no era un virus respiratorio?? Bueno, si, algún especulador argumentaría. Lo que pasa es que en EEUU hay al menos medio millón de personas que todos los años reciben tratamiento de diálisis. Y este virus quizás tenga efecto en los órganos de esos pacientes que tienen la condición previa. Si, sería una posibilidad. Pero, la verdad, al día de hoy, todavía se está tratando de entender por qué el virus afecta prácticamente a todo el cuerpo.

La transmisión del virus es todavía el aspecto más extraño, y lo que probablemente, mas que nada, haga toda esta situación tan incierta. Ya hay innumerables reportes de la aparente aleatoriedad del virus al momento de infectar y afectar al ser humano. Por ejemplo, es todavía una incógnita por que el virus, al infectar a una pareja o más personas que conviven, es mucho más severo con solo una de ellas. Y en muchos casos, con un desenlace fatal.

Pero, si hay misterios, lo que pasó en California es uno de ellos. La conjetura de que el virus en realidad ha estado circulando por meses ya ganó cierta cantidad de adeptos, particularmente esta última semana cuando un estudio en esta zona de la bahía de San Francisco estima que la cantidad de gente que lo tuvo sería al menos 50 o 60 veces más grande que el número oficial. Pero todavía no explica como, si así fuera, no hubo casos severos en un estado de 40 millones de personas que se hubieran contagiado unas a otras por meses, al menos desde Enero. El ferviente defensor de esta explicación diría que los casos de Covid-19 “se contaron como gripe común”, que cada año causa miles de muertes en el país. Si, de acuerdo, pero – nadie noto toda esa combinación de síntomas extraños, que hubiera aparecido en cientos, probablemente miles de afectados? Además, si estamos haciendo cuarentena para aplanar la curva y evitar que el sistema de salud no “reviente”: Por que no reventó antes cuando no había cuarentena y supuestamente todos estábamos siendo infectados? Saber el origen de todo esto podría responder estas y otras preguntas.


La incógnita: La cantidad de casos de infectados en California. De acuerdo a los números oficiales, los casos recién aparecieron a fines de Febrero, para llegar a un total de casi 31.000.  De acuerdo a la teoría alternativa, el virus estaría dando vueltas desde Enero al menos, y la cantidad de infectados seria al menos 50 o 60 veces mas grande. La orden de quedarse atroden vino en Marzo 19.


Es precisamente esa incertidumbre lo que afecta la economía y lo que podría destruir nuestra forma de vida. Las tasas de caída de la economía ya son doble dígito para el segundo trimestre del año tanto en EEUU como en China, al menos, y se podrían profundizar en lo que resta del año. Hay modelos actualizados que proyectan la desaparición del virus después de unos meses, excepto para, paradójicamente, los países que hicieron bien la cuarentena y tienen pocos casos de infección. Ellos deberían esperar una “segunda ola” en la segunda mitad del año, como para terminar de infectar a suficiente gente y adquirir la “inmunidad colectiva” que impide los rebrotes. Pero también hay expertos que anticipan un mundo más complicado donde, por varios meses, tal vez años, tendremos que tomar pastillas de anticuerpos diariamente, turnarnos para salir, e incluso abandonar actividades tan comunes como ir al cine, por ejemplo (de hecho, AMC, la principal cadena de cines en EEUU, ya está al borde de la quiebra).

Los creativos también sugirieron ideas que, aunque muy interesantes, fueron descartadas de inmediato. La que mas me gusto es una que aportaron dos estudiantes de publicidad, sugiriendo que Netflix debería poner anuncios públicos “arruinando” el final de las series para los transeúntes que, por no respetar la cuarentena, están expuestos a la cartelera pública. Brillante pero, obviamente, destruiría el negocio de Netflix.


“Spoiler: el bueno de la película no gana en (la serie) Narcos”. La idea de anuncios en la vía pública para incentivar a la gente para que se quede en casa.


De todo esto, lo que parece venir es la implementación de certificados para poder circular y viajar. Simple: un test que verifica la presencia de anticuerpos (es decir, evidencia de que uno ya estuvo infectado), recoge nuestros datos personales y los guarda en una base de datos del gobierno para consulta cuando sea necesario. Con una app en el celular, vamos a poder mostrar un código único personal para que cualquier autoridad pueda escanear y consultar nuestro historial de infección. Aeropuertos, estaciones de micro y trenes, la esquina de tu casa. Esta vez, los defensores de la privacidad (que ya protestaron, obviamente) perderán la partida. Pero, al menos, esto nos devolvería la libertad que ya añoramos y, ante nuevos brotes, facilitaría una rápida cuarentena de quienes no lo han tenido, para protegerlos del virus o, al menos, mantenerlos a cuidado para reducir la necesidad de atención médica de urgencia.

No solo los defensores de la privacidad se sintieron tocados. Los conservatives (algo así como “libertarios” en este país) no dudaron en hacerse escuchar esta semana cuando salieron a manifestarse en contra de las medidas de cuarentena y el uso de máscaras en estados como Texas, Wisconsin y California misma. No quedó claro si en realidad están defendiendo su derecho a circular libremente o si, una vez más, gracias al aliento explícito de Donald en su conferencia diaria, la política se inmiscuyó en una situación que excede por mucho las elecciones presidenciales.


“Mi cuerpo. Mi elección. Trump 2020”. Una imagen vale más que mil palabras. Pero si hubiera que elegir unas pocas para describir esto, serían: en ciertos casos, el argumento de la libertad individual es miope y peligroso. (si, yo también alucine y vi un pañuelo verde)


También en otras latitudes la gente reacciona frente a las acciones controvertidas de los gobiernos. Como cuando Masaru (Masa para los amigos), un colega Japonés, al responder a uno de mis mensajes, añadió, como posdata, un simple pero contundente “Estamos avergonzados por Abenomask”. Claro, días antes, el primer ministro Shinzo Abe había anunciado que el gobierno distribuirá hasta dos máscaras por hogar para hacer frente a la pandemia, lo que es, de acuerdo a expertos, una medida ridícula por su anticipada ineficacia para contener el contagio ("Abenomask" es el termino usado en las redes sociales para hacer burla de esto). Contrario a lo que estamos acostumbrados, el Japonés promedio se avergüenza cuando sus gobernantes hacen cualquiera.


La imagen del Cristo Redentor, iluminado para simular el atuendo de un médico, abraza a una ciudad que probablemente sufra las consecuencias de las alucinaciones de otro líder político, esta vez, uno Latinoamericano.


En fin, la vida continua. Uno piensa en cómo acomodarse a esta nueva forma de vivir. Por ejemplo, me pregunto: Cuando podré volver a visitar Argentina? No está muy claro. Por lo pronto, de acuerdo a una medida reciente, todos quienes viajen dentro de Canadá, por ejemplo, deben usar máscaras, de punta a punta del viaje. Dudo de la efectividad de esto, pero ojalá aporte algo. La cuestión son los vuelos internacionales. Y las cuarentenas impuestas para viajeros que lleguen desde el exterior. Qué harán los países al respecto – ni idea. Y, por supuesto, la pregunta del millón: cuando volverá a ser seguro viajar en avión?

Mi cerebro, por lo pronto, que considera todo esto y alguna vez leyó sobre la autopista Panamericana que une a todo el continente Americano, también empezó a alucinar. Ya más de una vez tuve el déjà vu y vi la imagen de mi mismo subiendo al auto mientras hablo por el celular y digo “salgo para allá, llego en 34 días.”

– Lucho