La racionalidad

Pienso, luego existo

“Si podemos evitar el colapso en los próximos dos siglos, nuestra especie estará a salvo.”

–Stephen Hawking


Lo que está pasando en Argentina no tiene nombre, como la parrillada que comí esta noche. Mi corta memoria post-parrilla recuerda: demencia, locura, deshonra, traición, patoterismo, mafia, facciones, drama, irresponsabilidad, egoísmo, cinismo, papelón, payasada, bandos, conflicto. En esos términos la prensa* describe a la telenovela que estamos presenciando. Ponete 15 minutos al frente de las noticias en TV y se te contractura el cerebro. ¿Las fotos de Olivos? ¿Se creían que ya tocaba fondo, eh? Ja!


Sin palabras. Como sugiero más abajo, hacen falta reglas para que 1) no lleguen mas improvisados al poder y 2) quienes lleguen no puedan hacer cualquier disparate.


Fuera de joda, lo que está pasando no tiene nombre. No sé como lo llamaría, pero para entender por qué las cosas son como son, por que el país esta como esta y por dónde esta la solución, hay que saber también desde cuándo sucede. No, no es novedad de esta semana, lo que pasa es que no te diste cuenta.

Yo creo que data desde hace al menos 12 años, cuando aquel capricho campo o ciudad puso también al país en vilo. Eso sí fue demencial, querer revolear por el cuello a la gallina de los huevos de oro. Pero puede ser desde antes, eh. Porque para cualquiera que prestara atención (no era difícil, había cadena nacional cada dos días) la evidencia era contundente. Conflicto, conflicto, conflicto. O llámenlo como quieran. La cuestión es que nos merecemos mucho más que esto.

La esperanza está en la contracara de la situación. Cuando en noviembre saquen -14% de los votos en las elecciones de medio término, los argentinos habrán sepultado definitivamente al populismo en nuestro querido país. Y, si todo sale como los votos parecen indicar, tendremos para elegir, en las próximas presidenciales, líderes políticos de aquellos que llevas al parquecito y no terminan agarrándose de los pelos con los nenes por las hamacas. Después, si les va mejor o peor en su gestión, y bueh, ya se verá. Al menos serán “capaces”, como dice la ley.

El “giro a la derecha”, como le gusta decir a la prensa, es lo más sorprendente. Capitalismo en realidad. (Mientras hablan de “giro” yo me pregunto: ¿queda alguna otra opción en el mundo de hoy?) En un formato un poco desalineado y, a veces, fuera de lugar, à la Milei, pero hay otros portadores más serios. Habrá que verlos en el Congreso. La cuestión es que es momento de empezar a trabajar para desarrollar, no hay otra. Porque es mentira que la deuda en pesos no importa, otra falacia que todos estamos descubriendo. Pero ojo, honestamente, ansío la vuelta de todo el abanico de opciones con sus propuestas de modelos económicos y otras yerbas, que compitan. Izquierda, centro, derecha, como les guste llamarlas, propongan lo que quieran, pero que no sean populistas. 

Al fin de cuentas, para cuando el voto elimine a estos forajidos en 2023, el mundo será distinto. No se sorprendan si Afganistán exporta más que Argentina para entonces. Mientras todos mirábamos por TV la desesperación de esa pobre gente para huir, el colega Xi pisaba en Beijing el acelerador de la máquina de asfaltar rumbo a Kabul. ¿Quién no tiraría 3600 kilómetros de autopista y vías por un billón de dólares (si, millones de millones) en minerales? Pero atento, capaz que en cinco años también vemos a los mismos Talibanes esperando a los aviones norteamericanos para escapar. Tanta guita en juego puede dar lugar a cualquier cosa.


Mientras que algunos diarios argentinos subtitulaban a la foto “Soldados norteamericanos ayudan a los niños”, los soldados en el aeropuerto de Kabul registraban a los chicos para asegurar que no tengan bombas adheridas a su cuerpo. La irracionalidad al extremo. ¿Qué especie en este planeta puede siquiera pensar en usar a niños para atentar con bombas?


A nosotros nos va a tener que venir a rescatar alguien también si los argentinos no nos avivamos de que, si vivimos juntos, hay que dejarle siempre un poco de agua fría al otro en la heladera. Tendremos que estar unidos para enfrentar problemas realmente serios, como el otro clavo que nos dejó el delirio de esta gente – una base extranjera en nuestro territorio.

Steven Pinker, un psicólogo cognitivo controversial, ha estudiado y escrito bastante respecto a la racionalidad. Su argumento es que todos somos irracionales en algún momento. No como para detonar a un gobierno entero en un momento de crisis social y económica sin precedentes, por supuesto. Pero sí como cuando creemos en cosas que nos dicen en esos discursos a los gritos, actuados, interminables, llenos de “os”, “as” y “es”. Creencias que tienen una consecuencia publica, como seguirlos votando a pesar de que es clara la falsedad. El argumento es que la solución no está en tratar de eliminar esa irracionalidad individual. La solución es implementar reglas sociales que, colectivamente, nos hagan más racionales de lo que somos cada uno individualmente. Por ejemplo, agrego yo, reflotando esas discusiones de formatos alternativos de gobierno para evitar que cualquier delirante tenga la sola firma para tomar decisiones importantes.

Me voy al sobre pensando en que no creo que Stephen haya visitado Argentina, sino se hubiera dado cuenta de que nuestra especie es capaz de sobrevivir cualquier cosa.

–Lucho

* Leo todo lo que tiene letras, algún día les explico cómo leo, si les interesa.