La pausa

La brutalidad policial es tan vieja como la policía misma. Y ocurre aún durante las pandemias.

"I can't breathe" – George Floyd

(No puedo respirar)


La brutalidad policial no es algo nuevo. Es tan vieja como la policía misma probablemente. Lo que seguro va cambiando es el hartazgo que se acumula en la sociedad por esta y otras razones también. Esta acumulación estalló en violencia en estos días e hizo que las notas que compartí tiempo atrás sobre días de furia pasen a ser un día de paseo en el parque a comparación de la situación actual.

Por supuesto, tener un tipo en el piso con la rodilla en su cuello y espalda por 9 minutos, estando ya esposado, bajo control y prácticamente desvanecido, mientras pedía que lo dejen respirar, es algo – como mínimo – irritante y genera impotencia. La demora en acusar formalmente al policía que en vivo asfixiaba al detenido frente a las cámaras de los transeúntes y la cuestionable acusación como asesinato en 3er. grado (algo así como "sin intención") subió mucho mas la temperatura. Pero la tesis es que esta no es el único factor que genera la ola de protestas en el país.

El blanco de la brutalidad policial suele ser el tipo de color. O las minorías en general. Incontables denuncias – en Minneapolis, donde este episodio se origino, y en otras ciudades del país – parecen no hacer eco en las autoridades que, tal vez por protección sindical, o por prejuicios propios, dejan que las manzanas podridas pudran al cajón entero. Por eso en parte el hartazgo. Esto es una olla que no deja de hervir desde hace décadas.


La consigna de las protestas en Atlanta, Georgia, así como en todo el país: "I can't breathe" o "no puedo respirar", tal como repitió varias veces George Floyd mientras era arrestado y retenido en el piso con una rodilla al cuello.


Para tener como referencia, la última vez que la ciudad de Los Ángeles aquí en California, por ejemplo, tuvo el toque de queda y la National Guard patrullando sus calles fue en 1992, cuando las protestas por la muerte de Rodney King, otro afroamericano víctima de la brutalidad policial, se tornaron mas que violentas. Es interesante que en ese momento, tal como en este caso, fue un video aficionado el que aportó la prueba definitiva para la condena a los policías. También la masividad y nivel de destrucción fueron similares al del día de hoy.


Alrededor de 28 años atrás, Los Ángeles también estaba en llamas. Hoy se replica prácticamente lo mismo: la protesta, los saqueos, la Guardia Nacional.


En este mismo momento, así como ya sucedió en otras ciudades del resto del país, mil efectivos de la Guardia Nacional llegarán a la ciudad de Los Ángeles a poner paños fríos (tal vez) a la situación. Mientras, las protestas sobrepasan a la fuerza policial y, en muchos casos, se convierten en incendios, negocios y automóviles destruidos. Y, como en todos lados se cuecen habas, siempre están los vivos, y quizás también los desencantados con una sociedad que los deja atrás, que aprovechan y saquean lo que pueden. El costo estimado de los daños en la ciudad al día de hoy: mil millones de dólares.


Las protestas en Los Ángeles se tornan violentas este fin de semana. Si fuera por los pantalones, el sujeto tal vez debería ir preso. Pero es imposible saber las historias de cada uno de los manifestantes y las razones por las cuales hacen lo que hacen. Llegar a este punto de violencia, en cualquier caso, es lamentable.


La tarde del Sábado 30 de Mayo en Los Ángeles vio autos policiales destruidos como nunca antes. Ojo que, aun con casi un policía cada 500 habitantes, es fácil perder el control de una ciudad. Tomar nota que esto podría ser aún peor.


La tesis es que todo esto excede a la brutalidad policial y los problemas raciales. Una economía que de a poco va ofreciendo menos oportunidades, las grandes disparidades entre ricos y los que menos tienen, y la creciente cantidad de estos últimos, sin duda alienta a más de uno a expresar su ira (cualquiera sea) en las calles ni bien aparece la primera oportunidad. Seguramente hay otros factores también, y cada uno tendrá su razón para protestar, pero todavía dudo que alguno de ellos justifique la violencia. Lo que no tengo dudas es que esto excede al hecho policial de días atrás.

Mientras que algunos gobernadores y el presidente mismo deberían tomar nota de todo lo que pasa y atender a las necesidades sociales cada vez mas complejas y que afectan a crecientes sectores de la sociedad, la primera reacción que han tenido no hizo mas que inflamar la situación aún mas al acusar sin prueba alguna al día de hoy a "grupos externos" y amenazar con mas violencia en lugar de diálogo. Si – los que vienen leyendo entre líneas desde boletines pasados notaron bien: la decadencia de los líderes políticos (y otros líderes también) está entre los temas que mas me inquietan.

En fin, es triste que la cobertura al tema Coronavirus entre en pausa para dar lugar a una edición sobre este tema tan lamentable. Pero la pluma se mueve sola prácticamente cuando uno lee mas sobre este tema y ve mas imágenes.

Por las dudas, no olvidé empezar la historia por el comienzo, simplemente que el origen de todo esto tan increíble como trivial: Hace menos de una semana, un tipo más del montón entró a una despensa e intentó aparentemente pagar con un billete de $20 falso. El flaco de atrás del mostrador llamó al 911. Siete minutos después llegó la policía. Seis días después, una buena parte del país está en llamas.

– Lucho