Jaque mate

Coronavirus

Lucho

– 我们不应该告诉美国人吗?
(No deberíamos decirles lo que esta pasando?)

– 不,他们会知道该怎么办. 记住,机不可失,时不再来.
(No, ellos sabrán que hacer. Recuerda, la oportunidad golpea la puerta una sola vez.)

Cuando el presidente se paró en el atril y disparó “estamos en guerra” (we are at war), los presentes, periodistas de los grandes medios, no pudieron mas que exitarse. “Estamos en guerra, y contra el peor enemigo que podamos tener — un enemigo invisible.” A partir de acá, la historia empezaba a cambiar su curso, en una mañana, en cuestión de pocas horas. Lo que hace un par de semanas era una mentira del partido de oposición, ahora es una guerra. Pero no cualquier guerra, esta era una guerra única – la del enemigo invisible. Esto es, por supuesto, no solo una oportunidad para cualquier gobierno, sino también para la prensa. Es que muchos viven de esto. Si no hay guerra, no hay negocio – tal como anticipó el visionario Ted Turner a fines de los 1980s mientras decidía si el nombre CNN sería apropiado para su nuevo canal de cable.


We are at war. El presidente en su conferencia de prensa diaria en plena crisis Coronavirus.


Pero la verdad es que uno no puede más que hacer una mueca con la boca y un corto sonido de incredulidad. Acá estamos en guerra para tapar errores. Responder tarde a la epidemia diciendo es una mentira en época de elecciones es una cosa. No prestar atención al alerta temprana de la CIA dos mesas atrás es otra. Cerrar la única oficina extranjera en Beijing que tenía permitido monitorear nuevos brotes dentro de China, apenas seis meses atrás, aún peor. Pero, desmantelar el equipo de Biodefensa y Seguridad de Salud Global que Barack creo unos años atrás, probaría ser el error más grande que una administración puede cometer en pos de la reducción del presupuesto.

Mientras digerimos la idea de la guerra, tipos comunes, doctores y gobiernos alrededor del mundo aplican su ingenio para, de verdad, "combatir" al virus. En Italia, por ejemplo, emprendedores usaron impresoras 3D para imprimir válvulas necesarias para respiradores. En Canadá, un doctor encontró la forma de usar el mismo respirador con hasta 10 pacientes del mismo volumen pulmonar mediante una combinación de tubos y válvulas. Y el gobierno Filipino ya distribuiría una app para chequear que los pacientes cumplan la cuarentena en su casa a través de una selfie. Cientos de ejemplos como estos saturaron la web en los últimos días. Mientras tanto, cientos de compañías farmacéuticas compiten cabeza a cabeza por el mercado más grande del mundo: el de tratamientos y vacunas para una enfermedad nueva que afecta a un planeta superpoblado.


El virus SARS-CoV-2, nuestro enemigo. Efectivamente, invisible, a menos que uno tenga un microscopio electrónico.


El mundo corporativo no es tan innovador. "Hay lobistas de sobra para caer en el frente", habría dicho un ejecutivo de una renombrada multinacional al segundo de escupir la mordida al habano. Por supuesto, como nunca, cientos de lobistas recorrían los pasillos del Congreso visitando a senadores y diputados, pidiendo ayuda en tiempos de guerra. Obvio. Invocar la "Defense Production Act" de la guerra con Corea para ordenar a las corporaciones producir las máscaras, delantales y respiradores necesarios es, sin duda alguna para el Republicano promedio, socialismo.** Pero sancionar una ley para pagar las cuentas de las grandes corporaciones es... es hacer lo que se tiene que hacer. Esta vez pareciera, de todos modos, que un salvataje à la crisis del 2008 no tendría mayor aceptación por parte de una clase media que nada en deudas.

**Al momento de editar este boletín, el presidente sí dio un paso adelante y ordenó a General Motors producir respiradores y otro equipamiento médico (esto sonó más a una pelea personal con sus ejecutivos que otra cosa). Y, además, el Congreso aprobó la mayor ley de ayuda a individuos y compañías de la historia: $2 trillones de dólares. US$2.000.000.000.000 o dos billones para el Argentino distraído. Aunque esta vez, un cheque de $1.200 por persona ayudaría al americano promedio a digerir el salvataje.

La realidad del día a día Californiano dista mucho de la de Washington DC. El barrio, mudo. Algún que otro vecino pasea el perro o camina solitario, si es que no llovizna como en los últimos días. Algunos padres sacan a los chicos a jugar también. El súper cercano tiene cada vez menos clientes, los que van perdiendo vergüenza y se atreven a usar la máscara y los guantes plásticos. Probablemente no van más por miedo, o tal vez porque la gran mayoría ya llenó sus heladeras y alacenas. Uno a veces va de visita, para distraerse, y traer capaz algún recuerdo de la guerra. Como la imagen de un octogenario que me observaba, sonriente, con una bolsa vacía colgando del brazo, mientras yo elegía algún atado de lechuga que no haya estado expuesto a los estornudos y la tos de algún camarada. De baja estatura, en apariencia débil y desabrigado pero con una boina para prevenir el frío, me aseguraba con la vista: "vos porque no estuviste en una guerra de verdad".


El consejo sabio del último dinosaurio en la Norteamérica suburbana: La extinción es una cagada!!! #QuédenseEnCasa


La cuestión es que, desde adentro, en cuarentena, todo conspira para formar esa imagen que tenemos de lo que pasa. Creo que en la mayoría de la gente, mientras la mitad analítica del cerebro no deja pasar un dato y hasta disfruta la novedad, la mitad emocional va sentada en una montaña rusa – la montaña rusa que sube como la curva de infectados y nos pasea por todo el abanico de emociones, sin señales de dejar de subir y mucho menos de empezar el descenso. Lo que era nada en un comienzo pareció transformarse en atractivo y ansiedad. Y lo que era novedoso y hasta entretenido – como ir de compras para hacer campamento en casa – se transforma en angustia y preocupación cuando los días pasan y la gente muere, se enferma o pierde su trabajo.

Lo peor es que los Norteamericanos no sabemos qué hacer. O, al menos, nuestro líder, porque los expertos están cansados de corregir las cosas que irresponsablemente dice en público. La proclamación de guerra que había empezado escasos días atrás, desapareció inesperadamente de la narrativa oficial (no de los medios). No para volverse invisible como el enemigo, sino para transformarse en una crisis de salud común que está bajo control. Es más, tiene sus días contados. En Pascuas el país volverá a abrir sus fronteras y todos volverán a trabajar, a la Iglesia, a las escuelas, y hacer su vida normal. Al menos, así lo anunció Donald, mientras los expertos se pellizcan entre ellos para comprobar que no es un sueño escucharlo decir eso.

El razonamiento detrás del cambio es simple. Un reporte de JPMorgan Chase Institute lo pondría en números concretos: el negocio norteamericano medio puede sobrevivir solo 27 días sin vender. Entonces, la pregunta es: cuánto valen las vidas de los 10.000 o 50.000 (o más) que puedan morir por la epidemia si relajamos la cuarentena? "No queremos que el remedio sea peor que la enfermedad" – esquivó Donald, sin mostrar alteración alguna en el rostro cuando algún reportero preguntó. En su cabeza, ningún número de vidas vale más que una economía de 22 trillones de dólares, la más grande del mundo.


En una Roma en cuarentena, desolada, solamente los negocios esenciales siguen abiertos.


Aun obviando la tentadora idea de países compitiendo por el dominio mundial, esto está empezando a oler a jaque mate. En la última semana, más de 3 millones de norteamericanos se anotaron para pedir un seguro de desempleo. Y van a venir muchos más (hay estimaciones de hasta 20% de desocupación en las próximas semanas). Si la gente no gasta o paga sus alquileres e hipotecas, esto se va a transformar en un problema económico de una magnitud nunca vista. Y la Reserva Federal ya tiró el último tiro más de una semana atrás (hoy, de hecho, las tasas en bonos norteamericanos son negativas, para los expertos). La única razón por la cual la economía no se cae a pedazos es porque tenemos la máquina de hacer billetes – literal. Pero esto tiene un límite, por supuesto. Cada nuevo dólar sumerge al país un poco más en lo que ya es un océano de déficit y deuda. Y esto no es muy esperanzador considerando que todavía es la principal economía del mundo.

Lo más preocupante es la incontable cantidad de "pequeños" problemas que empiezan a emerger y conspiran contra el orden, por ejemplo:

  • Nadie quiere quedarse en New York City y muchos se suben al auto y parten para zonas más seguras. Ahora – quien quiere un Neoyorquino en el barrio? La lucha por quien es bienvenido ya se refleja en los medios y en las comunidades más cercanas.

  • La fuerza de policía de New York ya tiene más de 500 infectados y dejó de atender en persona casos de violencia doméstica y robos a la propiedad privada.

  • Los hospitales están sobrepasados por los casos de Coronavirus y "rebotan" a muchos otros. Gente esperando tratamientos complejos o cirugías programadas, por ejemplo, son enviados a sus casas a esperar. El sobrepaso es evidente en equipamiento, insumos y personal también.

  • Y, así como estudiantes de medicina prontos a graduarse estarían por recibir su título anticipadamente de manera excepcional para ir directo a trabajar a los hospitales, las prisiones están liberando algunos presos para descomprimir a un sistema carcelario en riesgo. Esto no solo ocurre en New York, sino también en otras ciudades como Los Ángeles que se preparan para el despegue en número de infectados.

La esperanza está en el desarrollo de un tratamiento. El gran problema que representaba la falta de testeo empezó a resolverse con compañías que desarrollaron, en tiempo récord, tests más eficientes y rápidos. El distanciamiento y las cuarentenas ayudan a demorar el contagio. Ahora lo único que puede descomprimir la situación es un tratamiento que, aunque no prevenga el contagio, al menos reduzca la cantidad de muertes. El presidente se adelantó a la ciencia una vez más y anunció que hay un número de drogas que pueden ser útiles para esta enfermedad también. "Soy un tipo inteligente y más de una vez tuve razón. Y tengo un presentimiento que acá también tendré razón. Y si no, que puede pasar?" – dijo también en una de sus conferencias de prensa. No pasaron 24 horas para que aparecieran casos de gente muerta por tomar esas drogas sin estar probado su uso. Qué puede pasar?

Hubiera sido una jugada arriesgada en ese momento, el no advertir al mundo respecto al peligro de aquellos primeros brotes de epidemia de Diciembre. Pero la oportunidad era única. El país en año de elecciones, desprevenido por el fallo del sistema de alertas, y liderado por un terrible idiota. Una epidemia bastaría para dar el golpe de gracia. Si alguien la pensó, nunca estuvo tan cerca de lograr el objetivo: el jaque mate.

– Lucho