Días de furia

Coronavirus

Lucho

“Vd. puede, pues, mantener una de esas lúcidas teorías del desencanto aquí, pero guarde su persona de ponerla en practica… seria Vd. puesto a los dos días en la picota del ridículo.”

– Carta de Sarmiento a Alberdi. Septiembre 27 de 1852.


Algo interesante acerca de las teorías conspirativas es que, en apariencia, no difieren mucho de otras teorías o “explicaciones”. Pueden sonar alocadas, apelar a personajes oscuros o establecer relaciones inesperadas y aun así son premiadas con el título de "teoría". Pero, lo que difícilmente puedan obtener es consenso

La mayoría de las cosas que sabemos las “sabemos” porque alguien nos dijo acerca de ellas – en la escuela, en casa, nuestros amigos – y nosotros las aceptamos tal como muchos otros lo hicieron. Por ejemplo, pocos tienen en mente los detalles de por qué cada cuatro años hay un año bisiesto. Simplemente lo sabemos, como todos saben. Es así – alguna duda?

Ahora, uno también podría sugerir que, tal como circula en Internet: “No hay virus alguno — es Bill Gates que, junto a otros, esparcieron nanopartículas que, una vez absorbidas por nuestro cuerpo y activadas por la radiación de las antenas de telefonía celular 5G, causan los síntomas que ya todos conocemos.”  El propósito último es vacunar a todo el mundo, sigue el argumento, y meter en cada uno de nosotros un chip para controlarnos y saber en todo momento dónde estamos.  Es “el nuevo orden mundial” que Bill y otros quieren imponer, dicen los promotores de esta explicación.


Bill Gates, un tipo controversial desde hace tiempo ya. En Febrero de 1998, cuando visitaba la Unión Europea en Bruselas para hablar sobre educación, recibió un tortazo en la cara. No, la torta no venía por las sospechas sobre el intento de dominar al mundo a través de la educación. Era, simplemente, otra de las bromas de Noël Godin.


Efectivamente, la radiación afecta la salud humana y la fundación Bill & Melinda Gates lleva adelante programas de vacunación en el “tercer mundo” (incluyendo la idea de marcadores cutáneos para registrar la vacunación). Pero, les traigo una primicia a la secta de Youtubers – el “nuevo orden mundial” fue inaugurado, literalmente, por el presidente Bush padre en su cadena nacional de 1990, cuando anunció la Guerra del Golfo. Y, los primeros intentos modernos de dominación del individuo, podría argumentarse, datan al menos de los 1920s, cuando Edward Bernays explicaba en Propaganda, por ejemplo, que “la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y las opiniones de las masas es un elemento importante de las sociedades democráticas.”  Es decir, imaginen los documentos que circulan a esta altura de la vida dentro de las corporaciones del siglo 21, con o sin Bill Gates.

Pero no hace falta mi refutación (no creo que los Youtubers la esperen tampoco). Porque, por suerte, a esa teoría le falta el consenso que es fundamental para que, como otras, sea tomada en serio. Nunca lo va a obtener, además, porque será tan efímera como todo lo que viene de Internet. La cuestión es que esta no es la única teoría conspirativa, aunque sí tal vez la más colorida. Hay otras también que vienen a llenar aquel vacío que mencione en ediciones pasadas – el interrogante acerca de cómo empezó esta pandemia.


Los elementos más Norteamericanos (‘merica) salen a manifestar su repudio a las vacunas: “No me forzaran a vacunarme. Díganle a Bill Gates que… no, gracias.”


La mayoría de estas teorías conspirativas uno las puede descartar relativamente fácil porque carecen de parsimonia, esto es, “eficiencia” para explicar algo sin redundancias – una característica típica de toda buena teoría (si, se relaciona al principio de la Navaja de Ockham, por el cual se dice que, si hay explicaciones alternativas, la mas sencilla es la mas probable). Ni Bill Gates, ni las nanotecnologías, ni las ondas de 5G hacen falta para explicar lo que es, después de todo, un virus que cientos de expertos, por no decir miles, advirtieron. No creo que sea el lugar ni el momento para discutir qué otras reglas de una buena teoría no se cumplen en esta explicación.

En realidad, me preocupan más otras teorías que, en apariencia, tienen más sustento. Entre ellas, la idea de que China liberó el virus en forma intencional para causar algún tipo de daño, idea que el mismo presidente Trump agita a diario en televisión sin evidencia alguna. Junto a los subsecuentes reclamos de resarcimiento económico (también en Inglaterra, Alemania, e India, por ejemplo) y hasta un pedido de corte internacional à la Nuremberg que viene desde Australia, esa idea está abriendo una puerta que será difícil cerrar. Los US$10 millones que reclama Trump por cada Estadounidense muerto por el virus (al día de hoy… a ver… US$700.000 millones), más las sumas similares que otros también reclaman, tendrían su buen impacto en una economía China que saldrá debilitada de todo esto (si es que por alguna remota posibilidad llegaran a pagar). Pero el efecto importante sería otro mucho mas profundo: una humillación que ni el amigo Xi ni nadie de su partido (y probablemente, ningún hermano Chino) estaría dispuesto a tolerar, por razones políticas, culturales, e históricas. Pero, esta mera posibilidad, en medio de una lucha por el liderazgo mundial, tendrá sus consecuencias.

La furia internacional también tiene su correlato local, pero en este caso como resultado de un dilema que nunca imaginamos enfrentar: la vida de algunos versus la economía de todos. Esto está generando aún más divisiones en EEUU – empresarios que quieren reabrir la economía y grupos más conservadores por un lado, y grandes proporciones de la población por el otro (como referencia, una encuesta reciente reveló que el 75% de los Californianos prefiere seguir en cuarentena tanto como sea necesario). Los primeros triunfaron en al menos unos 30 estados de los 50 que tiene el país, los cuales ya están reabriendo las puertas de sus negocios. El resto de nosotros, seguiremos en cuarentena. Después de todo, me parece, aquella es una falsa dicotomía. Si nuestros líderes políticos dejaran de lado los egoísmos, las ideologías y las agendas personales, hay probablemente soluciones intermedias que no exigen poner en riesgo la vida de nadie.


Furia I: No pasarán: la dicotomía economía versus salud enfrenta a manifestantes y trabajadores de la salud.


Furia II: Milicias armadas entraron a la legislatura en Lansing, Michigan, para exigir la reapertura del estado. En la foto, un grupo de la Michigan Liberty Militia bloquean la puerta de la oficina del gobernador.


Cuando el tema Coronavirus alcanzó cierto grado de popularidad, una publicación que suelo leer comenzó una serie de notas a la que titularon “New World, Same Humans” (Nuevo Mundo, Mismos Humanos). El título no pudo ser mas efectivo para ilustrar el problema que enfrentamos. Porque la clave está en entender que, al contrario de lo que plantea, lo permanente es nuestro planeta y nosotros estamos de prestado. Hoy más que nunca tenemos que estar preparados para cambiar en una forma que nunca imaginamos necesaria y que, probablemente, todavía no sea aparente. Nuestra visión antropocéntrica y de progreso en el mundo nos trajo hasta acá y nos dio un montón de cosas buenas. Pero también dio origen a todos estos problemas que ponen en riesgo lo bueno que tenemos y nuestra misma existencia. Me parece que solamente saldremos de esta si todos y cada uno nos damos cuenta de que el título de la etapa que viene debe ser, en realidad, Mismo Mundo, Nuevos Humanos.

– Lucho


Paz al anochecer en el barrio en San Mateo.